Es el mar, ese viejo amigo,

el que me habla y me grita,

desde lo más hondo,

su desolación y tristeza,

su ironía,

su corazón helado,

su esperanza casi truncada,

su ilusión vana,

su alma desesperada,

por ser más limpio,

por seguir ahí,

maravillando,

hablando miles de historias

lejanas y presentes,

y, si cabe, futuras.