Se van los años
quedan los recuerdos,
malos y buenos,
que hilan nuestra vida,
una historia sin acabar
que, sin embargo,
deseo sea larga
para poder decirte, más que nada,
que eres la luz que me ilumina,
la mano que me lleva,
la esperanza que me queda,
el sabor de la experiencia, dulce,
y, sin embargo, agrio.
Ahí estás,
esperando una palabra mía,
yo te contesto con la voz de mi silencio,
porque nada puedo decirte,
salvo, amor, que te necesito
y tú sigues siendo la razón
por la que late mi corazón.
A tí me entrego,
como siempre, en cada segundo de mi existencia,
desde que te conozco,
desde que te encontré,
y no deseé nada más que tenerte.
Tuya soy para siempre,
no lo olvides,
nunca, ni en el más allá,
si existe,
dejaré de pensar en tí y de amarte.